El vidrio, ese material inorgánico, duro y transparente, que se encuentra en la naturaleza, pero que también puede ser producido por el ser humano, ha estado vinculado con el hombre casi desde sus orígenes. De hecho, los restos de vidrio más antiguos que se han encontrado datan de aproximadamente unos 5000 años a.C, y se han hallado en zonas de Asia, Mesopotamia y del Antiguo Egipto. Desde entonces, el vidrio ha sido destinado como elemento de utilidad y como objeto decorativo y artístico.

Las primeras piezas íntegramente fabricadas en vidrio datan del año 2100 a.C, cuando se empleaba la técnica del moldeado. Ya en el 200 a.C fueron los egipcios quienes comenzaron a utilizar la caña para soplar el vidrio, una práctica que ha permanecido casi sin alteraciones hasta la actualidad. Posteriormente, los romanos perfeccionaron aún más la técnica haciendo uso de óxidos metálicos como colorante, impulsando su uso para la conservación el almacenaje de determinados productos.

Más adelante, en la Edad Media, el vidrio era considerado como un material sólo al alcance de los más privilegiados, siendo el oficio del vidriero el único al que la nobleza podría dedicarse en Francia en aquella época. El vidrio era por aquel entonces un objeto de lujo para decoración y envases. No obstante, en el siglo XVII se empieza a generalizar su uso.

Ya entrados en la Edad Contemporánea, desde mediados del siglo XX, las fachadas de vidrio se han convertido en todo un emblema y seña de identidad de los grandes edificios del mundo. Las fachadas de estos importantes edificios suelen estar fabricadas mediante piezas de vidrio plano con una amplia gama de colores. En estos casos los vidrios también se someten a procesos concretos que tratan de mejorar aún más las propiedades de aislamiento térmico y acústico que ya de por sí caracterizan a este material.

En las fachadas de casas y edificios más convencionales el vidrio también tiene un papel fundamental, especialmente en las ventanas, donde este material se funde con los tradiciones marcos de acero, de aluminio, PVC e incluso madera. Entre los vidrios más utilizados con este fin diferenciamos entre los más sencillos y los vidrios dobles separados por una capa de aire para añadir ventajosas propiedades como el aislamiento acústico y térmico.

En los interiores, el vidrio también se ha convertido en material esencial en la decoración de viviendas y oficinas. El vidrio, como hemos comentado otras veces tiene la capacidad de agrandar los espacios y convertirlos en estancias limpias y luminosas, en las que el frío, el calor o el sonido dejan de ser un problema. Para contar con los beneficios del vidrio de la forma adecuada para cada estancia es importante contar con el asesoramiento de expertos en vidrio o arquitectos que conocen las propiedades de los distintos tipos de vidrio.

Por otra parte, gracias a los avances que han tenido lugar en la industria del vidrio y a la posibilidad de crear vidrios de todos los colores y texturas, su abanico de usos en el hogar se ha visto amplificado.

Entre sus usos, destacamos su aplicación en vidrieras, ventanas, fachadas, mesas, encimeras, salpicaderos, mamparas de baño y de cocina, espejos, revestimiento de paredes, barandillas, vitrinas, lucernarios… Étcetera.

Y tú, ¿te animas a con el vidrio en tu hogar?



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